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Ace Combat 2 + Piranesi – El Hangar de Platón.

Bueno, no nos mintamos. Empezaré siendo honesto. Esto tendría que haber sido una reseña de un juego de PS3 de mi elección. Sin embargo, por culpa (o gracias a) uno de mis lectores, que de hecho tengo el placer de conocer en persona, pues hemos acabado aquí.

Debido a unas cuantas republicaciones en Instagram por parte de este lector, el dardo envenenado que es Ace Combat acabó por penetrar en mis mientes, tras años en el rabillo del ojo, y por eso estamos hoy aquí.

Permitidme que os hable de la regla de lo guay, de las guerras libradas por mercenarios, y de cómo cada día más se nos invita a volver a lo arcade.

Luego tenemos Piranesi, el libro.

Por último, la vivienda. Hay que leerlo todo o me pongo triste.

 

Cuando no es propaganda, sí que es guay.

 

Ace Combat 2 se sitúa en un momento en el que cosas como Top Gun aún son muy visibles. O incluso aquel episodio de los Simpsons donde Bart se alista en la marina sin saberlo. En (al menos) mi contexto sociocultural, siempre he estado rodeado de cazas y tanques por mi padre, amante de las maquetas y la historia bélica.

Hasta donde sé, no me considero en absoluto un belicista ni historiador, pero si que desde el primer momento, los conflictos han generado interés sobre mi. Todo esto me lleva a un punto común entre jóvenes en los años 80, la militarización, y yo: El lavado de cara a la guerra.

¿Recordáis cosas como la guerra del Golfo, o la guerra de Irak, el cómo países como España se unieron a una guerra que nadie pidió? La falta de efectivos estadounidenses dio lugar a una de las propagandas más curiosas hasta la fecha: Una que pretendía asegurar que no habría combate real, que todo sería desde bombarderos sin dañar a los soldados aliados y que la tecnología estaba al orden del día.

 

 

 

 

Ruedas de prensa super restringidas, y, a lo que quiero llegar, un intento de reclutamiento de pilotos con los cazas. Y además, vendiéndose como si fueran controles de videojuego, todo super gamificado.

¿Por qué? ¿Qué podría ser mejor que ir a pie a disparar iraquíes e iraníes donde tu también puedes recibir un balazo? Por supuesto, bombardear objetivos a velocidades vertiginosas desde tu pájaro metálico super sónico. El resumen era el mismo, básicamente morirías por tu país, y si tenías suerte lo mismo volvías a casa solo con estrés postraumático. Pero anda que no sería guay haber pilotado un avión, ¿eh?

Lo que si le debemos a Top Gun es que diferentes artistas, creativos y medios decidieran, por su lado, hacer cosas más interesantes que regalarle propaganda a los Estados Fascistas de Norte América, y ahí entran Air Combat, y posteriormente, Ace Combat 2. Porque la realidad es que pilotar cazas sin tener que morir por un estado al que no le importas es genuinamente divertido y guay.

La historia que tiene es mínima, pero realmente es lo justo y necesario que necesitas para escoger el caza de tu elección y salir al aire a cumplir la misión. Con la diferencia de que no estás perpetuando nada que no te atañe.

A lo que quiero llegar con esto es que todo eso creó en toda la gente que desarrolló estos juegos una necesidad: La de darle al jugador la posibilidad de controlar cazas famosos, siendo lo más estrictos con la ingeniería de los propios cacharros (tanto como les permitía la consola) y creando un mundo donde no hay que luchar con nadie por ideología, estatus o nacionalidad, sino por apagar el cerebro y cumplir órdenes siendo un mercenario.

 

Mercenario.

 

Como comentaba antes, eres un mercenario de un escuadrón de pilotos de élite. Se contratan tus servicios debido a que un país se ha alzado en un golpe de estado militar, y hay que sofocar la rebelión antes de que alguien la líe parda y comience una guerra. No tienes diálogo en ningún momento, ni falta que hace realmente. Solo sois tu, tu aliado ocasional y el control de misión contra los enemigos.

Tus objetivos son sencillos por norma general, no olvidemos de que es un juego bastante arcade. Derriba los aviones enemigos, bombardea una fábrica, rompe unas autopistas o protege a las tropas aliadas. No por ello se hacen menos gustosos de completar, al contrario. Es un estilo de juego normalmente corto, preciso y ajustado a experiencias rápidas, pues no sabéis cuánto dinero de los contribuyentes hacen falta para mantener un caza de estos volando y en misión. Controlar el caza es sencillo, siempre y cuando no te de por usar el joystick de la consola. Absolutamente terrible. Pero la realidad es que tampoco hace falta que seas un as.

Tienes dos esquemas de controles, novato y experto. El novato es enteramente con la cruceta/joystick, y el experto te permite rotar el avión y girarlo independientemente. El primero hace absolutamente todo lo necesario para pasarte el juego, y el segundo también, pero más guay. Debido a una mala experiencia con el joystick, decidí quedarme en el novato. Tampoco al menos yo, personalmente, noté mucha diferencia de hacer un giro cerrado como se hace en la vida real a como permite el modo novato.

 

 

 

 

Como algunos sabréis porque lo he comentado y hemos hablado de esto, he sido un ávido (y pésimo) jugador de War Thunder. Como tal, incluso sin jugar a modo simulación realista (no me pagan por tardar 10 minutos en llegar al punto de control) he pilotado de todo, aunque en menor medida cazas a reacción como los que podemos controlar aquí en Ace Combat. Los cazas aquí no siempre responden al dedillo a como tú quieres, pero normalmente, acatarán tus órdenes de manera correcta. Puedo corroborar que los aviones se mueven como deben, giran y actúan como deberían.

El resumen de todo eso es que si buscáis cazas que se comporten como cazas, aquí si es.

Ya como anécdota, los cazas rusos Su(khoi) pueden hacer una maniobra cobra para evadir tus misiles. Me dejó absolutamente flipando. En qué momento un juego arcade de PS1 que pone en letras grandes ¡ B U E N  T I R O !  cada vez que derribas un caza decide que hay aviones y solo según qué aviones que en la vida real pueden hacer esa maniobra para esquivar tus armas. En los primeros niveles como es normal los enemigos son más simplones, esquivan poco y normalmente son blancos fijos a los que acertar.

Ah, amigo.

Y si te dijera que existe el concepto llamado «girar«.

Acertarle a un caza enemigo es sencillo. Apuntas, mantienes el punto de mira, y cuando el indicador del HUD lo indique, tienes el objetivo fijado y puedes disparar hasta dos misiles seguidos. En la grandísima mayoría de los casos funciona, dado que estés a una distancia prudente entre 300 y 700 metros, y que, claro está, el caza enemigo no gire. Da igual que sea lo más mínimo. Si ha iniciado o aun esté saliendo de un giro minúsculo, los misiles perderán el objetivo y tendrás que volver a disparar. Esto no sería tan coñazo de no ser por dos factores:

Los misiles son finitos, y los enemigos pueden no parar de girar. Leñe, algunos enemigos hasta van hacía ti con ganas de embestirte con tal de que no les impacte un misil. Han sido muchas (para ser solo 21) misiones que he tenido que destruir objetivos con las ametralladoras (terrible sensación) porque había tanto caza enemigo que no me salían las cuentas como fallara más de cuatro misiles. El juego es difícil en ese sentido, y con ganas. Que no es obligatorio cargarse a todos los enemigos del nivel, eso es cierto. Que es necesario matar a según qué enemigos para desbloquear más aviones y el final verdadero, también.

 

 

 

 

Lo bonito de esto es que por suerte hay objetivos en tierra también, y aquí es donde entra la regla del guay que decía antes. Si, las dogfights como se las conoce entre cazas molan muchísimo, caza contra caza en el aire a ver quién supera a quién. Pero considero que hay algo aún más guay. Bombardeos a alta velocidad.

¿Conocéis el sentimiento de ir a fácilmente 2200km/h (casi Mach 2.0) esquivando misiles, fuego desde tierra y cazas, para que conforme el sistema de fijación de objetivos adquiera el objetivo en frente, sueltes un misil y apuntes el morro hacia el cielo con tal de no reventarte contra el suelo a un escaso segundo?

Absolutamente radical.

No, o sea esa mierda es increíble, me da igual que el caza esté hecho de 5 polígonos y medio, el objetivo de 2 y que la radio no se calle. Es pura adrenalina, de la cual francamente no sabía que un juego de esta época podría ofrecerme. Ir esquivando el terreno, los edificios como en el nivel de la ciudad. Oh, los niveles de ciudad. Volar bajo para evitar el radar, bombardeando con precisión quirúrgica los tanques mientras evades los edificios, para culminar una pasada a velocidad supersónica sin fallar un solo objetivo.

Brillante.

No pienso definir más sobre lo que es la historia o las misiones porque imploro que le deis una probada a esto.

Me niego.

Nuh-uh.

Si Ace Combat 2 puede ofrecerme esto, las siguientes entregas han de ser increíbles, punto y final. Unas ganas locas de seguir adelante, pero más adelante.

 

Lo que hace a Ace Combat 2 grande.

 

Esto no solo va de los cazas, porque Ace Combat 2 tiene una de las bandas sonoras que más captan y centran la atención en la epicidad y misticidad de las peleas en aviones. Hay música que os juro parece sacada del puñetero Panzer Dragoon Saga. Es verdaderamente mística, como si tuviera aura cada pelea y cada combate mientras truena y diluvia, y el radar falla. Este juego es verdaderamente cine. El sintetizador, el rock duro, y la sinfonía te acompañan en cada misión, con cada canción elegida a la perfección para cada una. La distorsión de la guitarra mientras esquivas a baja altitud una cadena montañosa para destruir un objetivo escondido es no ya adecuada, sino idónea.

Es cierto que el juego puede que sea arcade, pero eso no quita que tengas una historia a seguir con rutas diferentes. Sí, querido lector. Puedes elegir las misiones según se te presentan. Algunas son más difíciles que otras, y pueden dar recompensas, pero sobre todo te llevarán a objetivos diferentes. Quizás una sea bombardear una fábrica de armas, y la otra sea luchar en un temporal mientras el radar falla y está todo oscuro. Personalmente, elegía siempre las que me parecían más interesantes, por lo que eventualmente hice la ruta B. La realidad es que ambas rutas molan más que nada, pero de nuevo, son sabores distintos. Se siente arcade, pero no se si es por cómo hoy en día se gamifica todo que creo que hasta en el propio ejército las cosas van por objetivos de la misma manera.

 

 

 

 

Si destruyes una fábrica de armas, a lo mejor luego te toca perseguir a las unidades que escaparon. O si has derribado un caza experimental, tal vez sea hora de destruir el otro proyecto secreto antes de que sea demasiado tarde. Es muy pero que muy guay ir viendo como las misiones que completas dan lugar a otras donde las consecuencias se hacen palpables, hace que sea muy realista con cómo funciona una guerra por objetivos así. Destruye los métodos de producción, las fábricas y elimina posiciones de importancia para desestabilizar un gobierno.

Digo sin haber estado en ninguna guerra todavía, claro.

A no ser que Von Der Leyen diga lo contrario, en cuyo caso me voy a comer a sus caballos.

Por último, me gustaría destacar lo bien que se ve. En juegos así, el síndrome clásico de que un caza enemigo sea un polígono a lo que equivaldría a una distancia considerable se hace muy llevable con un radar que nos señala en cada momento la ubicación del enemigo, desde radar de larga distancia hasta corta, unido con el hecho de una cámara que se pega al objetivo según lo detecta, haciendo que seguirlos sea cómodo porque aunque no se vea como tal, sí que veamos el punto de mira señalándole.

Los modelos de los cazas son super realistas (obviamente para PS1), y hasta tienen los frenos aéreos que funcionan tal y como lo hacen en la vida real. De hecho, no es solo los cazas que se ven muy bien, sino todo en general. Las texturas son correctas, los colores vivos y los fondos y efectos están muy bien. Sobre todo si lo comparamos a Air Combat (o Ace Combat 1), donde se nota que no estaba del todo clara la línea artística.

Sin haber probado la anterior entrega, se nota de lejos el cambio a bien que le dio una secuela donde habiendo plantado la semilla, dicha semilla ha crecido y dado una flor preciosa. Los frutos deliciosos vendrán con Electrosphere.

 

 

 

 

La línea estética es muy «wow, Matrix» con tanto ordenador, color verde digital y los mapas en 3D simulando el objetivo de misión le dan esa vibra de «guerra avanzada» tan guay que rezuma por todos sus poros.

Finalmente, me gustaría destacar que es un juego donde hay donde elegir. Puedes elegir soporte cuando te lo ofrezcan, eligiendo el compañero que más te guste y escoger un caza y una función que más se adapte a ti y a la misión. Poder escoger de entre 24 aviones, todos con estadísticas diferentes, estilos de combate diferentes y hasta bloqueos de radar enemigo que te permitirán esquivar mejor y adentrarse de manera sigilosa al ponernos a sus espaldas. Puedes escoger las misiones, como dije antes, y también elegir cuantos enemigos quieres derribar, o si quieres centrarte solo en los objetivos.

Algunas misiones pueden ser más o menos largas, pero de 10 minutos no pasa ninguna y encima son super repetibles cuando hagas New Game+. El juego en sí es corto, pero por ser jugado varias veces y desde distintos ángulos, sin hacer tampoco que pierdas dos años de tu vida para completarlo. Todo pros, la verdad.

 

Veredicto.

 

La libertad que ofrece acertar misiles de 500kg de carga explosiva de un F-14 a Mach 2.34 sobre un barco de guerra enemigo en el mar al atardecer es, posiblemente, única. Ace Combat 2 entrega eso y mucho más en cada minuto de gameplay, donde cada despegue de pista puede acabar con miles de millones de impuestos de los contribuyentes en un desguace militar a cada misil que llegue a su destino.

Este juego baila grácilmente entre simulador y arcade, con jets que responden de forma bastante fidedigna pero siempre ágiles y divertidos de controlar por el aire, desfiladeros o rozando el suelo. A veces te vacila con cómo los enemigos son virtualmente intocables (¿Lo pilláis? Virtualmente porque es un juego… virtual.) pero nada que no se arregle con un poco de cabezonerío y aprender a no perder de vista el enemigo.

Volviendo a lo de virtual, nadie que sepamos muere, no hay bajas salvo la de los cazas. Es esa guerra casi estéril de la que hablábamos antes, la guerra «perfecta» donde se pierde de todo, menos vida humana. Muy de acuerdo con el sentimiento anti guerra de Japón, que así permite que al menos la peña fantasee con volar un caza.

Definitivamente puedo ver en sus costuras lo que sería el preámbulo de un sistema duro de historia y rivales que empezaremos a ver en la siguiente saga, pero como secuela del original, no le veo ninguna falla importante, tan solo diversión a raudales, poder jugar con unas gafas de sol de aviador y poner Danger Zone a toda pastilla. Emuladlo, jugadlo en la PS1, cualquier cosa menos alistarse a las fuerzas aéreas. Este tipo de juegos tan directos se echan de menos hoy día.

 

 

 

 

Menú, seleccionas misión, miras las instrucciones, escoges avión y completas la misión, vuelves al menú y repites. Nada de tonterías de 50 horas subiendo niveles, chupando escenas de cine o similares. Aquí venimos a jugar. Los juegos para los jugadores o yo que sé lo que dice la gente por la calle, que hoy día están muy revueltas.

Eres el arquetipo del tipo guay: Callado, eficaz y encima no es machista ni de derechas, porque claro como no hablas no dices ninguna gilipollez fuera de lugar. Ojalá más hombres fueran como Scarface 1. El rugir de los reactores, el chat por radio, los sonidos de objetivo fijado y misil lanzado hacia tu posición… La velocidad. Tío, la velocidad. Todos te temen, y cuanto más avanzas más y mejores son los pilotos que mandan para pararte, con 0% de probabilidad de conseguirlo.

No puedo sino recomendarlo a absolutamente todos. Es accesible, super divertido, mola más que mi abuela en patinete y es gratis, yo os lo presto. Dadle un tiento, poneos cómodos y disfrutad de cómo molan los cazas sin tener la imagen del cienciólogo de Tom Cruise en la cabeza.

Larga vida a Ace Combat 2.

¿Queréis saber algo gracioso? Todos los nombres de los cazas son reales, y Namco no pagó ni un duro (en ocasiones, pagó una miseria) a las empresas de los mismos, como la famosa Lockheed Martin y Boeing. En mi casa y allí en Japón nos reímos de las infracciones de Copyright. Larga vida a Namco. Pero no a Bandai. A esos que les den.

 

Piranesi.

 

Qué, ¿os acordáis de que esta entrada iba de dos cosas? Vamos a cambiar la libertad de volar libres como el ave que escapó de su prisión, y puede al fin bombardear por la libertad de estar en una casa infinita, o simplemente, en una casa.

Comencé a leer Piranesi tras varias recomendaciones de mi esposa y tras ser mencionado en el video de Numinosa, dados los bocetos del artista Giovanni Battista Piranesi, y la posterior novela contemporánea nombrada tras su imaginario. No quiero centrarme en cómo está escrito el libro, sino en cosas sobre las que me ha hecho pensar. Lo que si diré es que es un libro cortito, menos de 300 páginas y que no se hace nada pesado de leer, por lo cual os lo recomiendo encarecidamente si lleváis tiempo sin leer nada, o si venís de un libro absolutamente terrible como es la Ilíada.

Posiblemente (casi seguro) haya spoilers, así que quedáis avisados.

Quería empezar por el sentimiento de pertenencia. Piranesi no sabe cuánto tiempo lleva aquí, pero su devoción y respeto por la casa hace que el mismo sienta la bondad de la casa como una armonía perfecta. Si Piranesi se alimenta, es por la bondad de la casa. Es la casa quien trae peces a las mareas, y quien le permite pescarlos y consumirlos. Si Piranesi encuentra refugio en las estatuas con las lluvias, o puede trazar las mareas y las inundaciones es porque, de nuevo, la casa lo da.

Con ello nuestro protagonista tiene esa cercanía con el lugar donde se encuentra, y una cierta relación donde ella provee para que él viva y la admire. Pues la casa necesita alguien que la contemple y pueda absorber toda su belleza. Es una convivencia simbiótica, o al menos eso creemos. Esto es como lo del árbol que se cae en el bosque. Si se ha caído y nadie lo ha escuchado, ¿sabemos que ha hecho ruido? Si la casa existe pero nadie la observa, ¿podemos saber que es bella y bondadosa?

 

 

 

 

La casa existe como una representación al taoísmo, a mi parecer. Es pura naturaleza, que se deja ver entre salas. Las salas, fuera de lo que uno pensaría, están conectadas y tienen coherencia entre sí. Hay salas altas, que a veces son engullidas por las nubes. Salas bajas, totalmente sumergidas bajo el mar. Las inundaciones y corrientes de viento se transportan y atraviesan de una a otra, como naturaleza imparable. La casa, en sí misma, es un Metroidvania, pues muchas salas se conectan entre sí mismas de manera no lineal. Tenía ganas de decirlo, toca joderse.

Piranesi, que le cuesta recordar cosas que el Otro le dice, o tiene problemas para saber exactamente en que día o año se encuentra, tiene una memoria fotográfica de la casa, y puede orientarse casi sin despeinarse en cualquier momento. La sala al oeste de la sala 32 tiene una entrada a través del suelo roto a las salas sumergidas, que a su vez buceando puedes atravesar a la sala 67. Cosas así, están totalmente mapeadas por él, y a la par documentadas en sus diarios de manera extraña pero con sentido para él, pues lo que ocurra con la casa se graba a fuego, pero no con aquel que viene y va.

Sin embargo, cuando conoció al Otro (si es que recuerda cuándo lo hizo), lo que a veces discuten y hablan muchas veces se le olvida, incluso si lo llegó a anotar. Las advertencias, rituales o charlas caen en saco roto pasado un tiempo, y el único recuerdo que atesora es la cantidad de regalos que el Otro le había hecho. Ropa, comida o herramientas para seguir explorando y trazando mapas para el Otro, para ayudarlo en su búsqueda del gran conocimiento.

Es muy bonito ver como los dos pelean de forma intelectual sobre el ocultismo de la casa y la fantasía de la magia que propone, frente a buscarle el raciocinio lógico y científico, pues si la magia existe, esta ha de regirse por la lógica. Uno se guía por ella, y no discute sus motivos. El Otro se funde el coco, maquinando e investigando sobre qué hace a la casa «La casa«. Piranesi lo hace hasta casi de una manera inocente. Infantil. Como un niño que no se pregunta por qué el avión vuela, sino que lo acepta y disfruta. Para el Otro, la casa es un problema a descifrar. Para Piranesi, es la propia vida.

Incluso para él, que lleva solo en la casa salvo por la existencia de el Otro. En todo el libro solo tenemos a dos individuos, y el propio Piranesi pondera a veces sobre sí quizás esté loco por la soledad y la casa. Muchos capítulos cuentan como somos nosotros, el lector, quién le acompaña. Sino, son los animales, o los huesos de los allá muertos. Son gavilanes que cruzan las salas, los peces que come, las algas que recoge. Y después… solitario. Nada. El Otro viene martes y jueves, una única hora. Lo justo para que quizás no sucumba a la total locura nuestro protagonista.

Quizás otro de los puntos a recalcar en Piranesi es la memoria. La casa es infinita, y lo recuerda todo. Todas sus esculturas parecen evocar gente que fue, es o será, de alguna manera abstracta u otra. Sus salas sufren el pasar del tiempo y los elementos, y dejan huella en todos quienes la pisan. Hay 13 cadáveres dentro de la casa, huesos limpios a estas alturas. Muchas salas están derruidas por accidentes, piedras que cayeron de los techos, o corrosión y erosión. Pasado un tiempo de su llegada, Piranesi comenzó a anotar en sus diarios con fechas especiales todo lo que ocurría de manera sistemática y ordenada, junto con sus pensamientos.

El Otro lleva una manera metódica de intentar encontrar ese gran conocimiento, ayudándose de Piranesi en rituales y pruebas, pero curiosamente le cuesta recordar la ubicación de las salas, y parece que viene y va cada poco, como si saliera de la casa. Eso es curioso, pues Piranesi nunca ha encontrado lo que podría categorizarse como una «salida» de la misma. La memoria de Piranesi es milagrosa, pero solo para lo que la casa decide.

 

 

 

 

Es casi como si la casa no fuera un lugar, sino más bien un ente que existe, piensa y actúa según sus designios. Y la casa sí que parece recordar, pues más adelante en el libro podemos ver una catarsis prácticamente orquestada por la casa sin que nada se diga explícitamente. Sería un grave error considerar a la casa como algo estático, sin intención. Quizás no tenga maldad ni bondad, tal y como la percibimos nosotros los humanos, pero claramente tiene un «algo» no fácil de describir que explicaría el por qué la casa, por ejemplo, enloquece a todo aquel que pasa demasiado tiempo en ella.

Finalmente, y por no explayarme mucho más, quiero hablar de la cueva de Platón. ¿Conocéis el mito? Dice tal que así, dicha resumidamente:

«Este mito es una alegoría de la teoría de las ideas propuesta por Platón, y aparece en los escritos que forman parte del libro La República. Se trata, básicamente, de la descripción de una situación ficticia que ayudaba a entender el modo en el que platón concebía la relación entre lo físico y el mundo de las ideas, y cómo nos movemos a través de ellos.

Platón empieza hablando sobre unos hombres que permanecen encadenados a las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber podido salir de ella nunca y, de hecho, sin la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender cuál es el origen de esas cadenas.

Así pues, permanecen siempre mirando a una de las paredes de la caverna, con las cadenas aferrándolos desde atrás. Detrás de ellos, a una cierta distancia y colocada algo por encima de sus cabezas, hay una hoguera que ilumina un poco la zona, y entre ella y los encadenados hay un muro, que Platón equipara a las artimañas que realizan los tramposos y los embaucadores para que no se noten sus trucos.

Entre el muro y la hoguera hay otros hombres que llevan con ellos objetos que sobresalen por encima del muro, de manera que su sombra es proyectada sobre la pared que están contemplando los hombres encadenados. De este modo, ven la silueta de árboles, animales, montañas a lo lejos, personas que vienen y van, etc.«

Este fragmento lo he sacado de esta página por cierto.

Piranesi es el mito personificado. El está preso, hasta donde parece, dentro de la casa, la caverna. Dentro de la caverna, y con salida al exterior se encuentran la propia casa y el Otro, quienes mediante sombras y luces crean toda la narrativa que rodea a Piranesi y guía su vida. Fuera de la cueva encontramos por partes iguales el mundo del gran conocimiento, y el mundo real, del que inevitablemente parece haber salido Piranesi en algún momento el cual se nos revela más tarde.

La ejecución de la autora durante todo el libro es un calco y un perfecto ejemplo «real» de lo que Platón nos intentaba mostrar allá por Grecia cuando no sufría una terrible crisis financiera causada en gran parte por la Unión Europea. Aunque bueno, si queremos mirar a un verdadero ejemplo real de la cueva de Platón, solo hace falta ver a los ciudadanos españoles que defienden a los grandes tenedores comiéndose la historia de que ellos también pueden serlo.

No quiero irme sin terminar de convertir el objeto principal del libro en una visión personal del debate actual que nos está pillando estos días, aunque se remonte décadas.

 

Lo de la vivienda.

 

Fijaos en como Piranesi vive en la casa. Vive en un lugar resguardado, protegido de los elementos. Tiene su hueco, pues la casa lo provee. ¿No es triste que en la inmensidad de la casa no haya podido ni construirse un hogar digno? Pues imaginad la gente que veis por vuestras ciudades. Normalmente mi público es español (de España), pero si me lee alguien fuera de las fronteras, dejadme que os ponga en situación.

Desde hace ya cerca de 20 años, sufrimos las consecuencias de una crisis de la vivienda salvaje. En 2008 reventó una burbuja inmobiliaria donde se construyó tanto sin venderlo antes que el mercado quebró, y las hipotecas acabaron con la vida de muchísima gente. Esto dejó a muchísima gente en la calle, sin dinero, y de vuelta con sus padres o abuelos en viviendas que realmente ya no aguantan este tipo de sociedad, y llevamos todo este tiempo viendo cómo en vez de mejorar la cosa, ha ido de mal en peor.

La vivienda se ha recuperado en construcción, o eso diría cualquier persona poco avispada. Sí, hay construcción de vuelta, a cuentagotas para permitir inflar los precios, y que una casa que antes costaba X cueste X por 5 veces más. La falta de nueva vivienda ha encarecido de sobremanera el suelo ya edificado, subiendo como la espuma los precios. Por si fuera poco, la gente que ya tenía su hogar pagado son bien echados por fondos buitres que mediante acoso y derribo fuerzan a las familias a malvender a riesgo de arruinar su vida, o bien si tenían un alquiler son robados a mano armada hasta que lo sueltan.

De nuevo, esta falta de edificación se ha unido con la masificación del turismo, el cual como no puede generar más hoteles, ha empezado a comprar viviendas para convertirlas en apartamentos turísticos, y ha quitado incluso aún más vivienda habitacional a los ya ahogados habitantes de cada ciudad. Es decir, hagamos un caso prueba.

Tienes 30 años. Tienes unos estudios universitarios finalizados, y llevas 6 años trabajando en tu empresa, sin vista futura de cambiar de empleo. Hace 25-30 años, ya llevarías 6 o 7 años metido en una hipoteca a tipo bajo, una cuota manejable y una vida plena en una casa que se adapta a tus necesidades, presentes y futuras. Según como vaya la cosa, te estás pensando adquirir una segunda residencia para las vacaciones.

Hoy en día, teniendo esos 30 años, los bancos se ríen de ti por no tener capital, la entrada a un piso normalito te cuesta una media de 3 años de salario íntegro (sin gastar absolutamente nada). Dicho piso no tiene futuro si pretendes iniciar una familia, pues tú y tu pareja entráis en este a duras penas. El piso se encuentra a dos ciudades de donde tu trabajo, con una conmuta de hora y media cada día, cada tramo, y está antiguo y para reformar. De conseguir una hipoteca, gastarías todos tus ahorros y te contentarías con un tipo variable que te dejaría tiritando cada mes.

La otra alternativa es un alquiler, que ocupa la mayoría de tu sueldo junto con gastos mensuales que te tendrían como a una persona atada a una máquina de diálisis hasta que tu casero te eche, según de qué manera. Has tenido que pelear con 27 personas que vieron el anuncio a la vez que tu y presentar 3 nóminas y un aval como la casa de tus padres para optar a un estudio con techos de 45º y solería del año catapum, además de tuberías de plomo y una instalación eléctrica que podría echarse a arder en, literalmente, cualquier momento.

Eso es si tienes la suerte de no compartir piso, claro.

La semana pasada desahuciaron a Maricarmen, de 87 años y un 50% de discapacidad, de su casa, donde había vivido toda su vida. La empresa causante le subió el alquiler a 3000 euros mensuales, tan solo por vivir cerca del centro. Esto no era más que algo a lo que una jueza como la que ha llevado el caso pudiera agarrarse para comenzar el desahucio de una señora que no ha faltado al alquiler ni un solo mes.

 

 

 

 

El revuelo social ha sido tal que una ola de personas por todas las ciudades han acampado y creado protestas pacíficas pero terriblemente tensionadas para exigir el fin de las compras de viviendas por fondos buitres, y decretos que permitan a los ciudadanos estar protegidos de verdad contra estos abusos que grandes tenedores, caseros y empresas acarrean contra ellos.

Tristemente, la situación política actual española es de tibieza y descaro, de gente que dice que una vez en el poder lo haría y lleva 7 años faltando a sus promesas, radicalizando y llevando al límite a cada vez más y más familias, no se si esperando a que la olla reviente y la policía pueda liarse a palos como una especie de gracias a los borregos de estado.

Es cierto que la alternativa a la derecha es actualmente Alemania Nazi 2, como la corriente indica en el resto de Europa. No voy a hablar más de esa parte porque a los nazis no se les habla, se les silencia, a poder ser de por vida. No se puede ser tolerable con el intolerable, paradojas para mí. Lo que sí se puede hacer es exigir a un gobierno acomodado y no reactivo ni planificador que están a nuestro servicio, y no al revés. Que si con votos no hacen nada, habrá que salir a la calle. Y que si salir a la calle no presiona lo suficiente, habrá que plantarse de verdad hasta que supliquen que por favor paremos y que harán lo que digamos.

La situación actual es la siguiente: Te quitan el pan de tu plato, el techo sobre tu cabeza y tu esperanza de vida. Te matan sin haberte apuñalado o disparado.

Y todo esto lo digo como propietario que soy, pues he tenido la increíble y escasa suerte de que mis ancestros decidieron mirar por mi futuro, y me otorgaron las herramientas para poder tener un hogar, como el artículo 47 de la constitución española defiende. Un hogar digno. Un hogar donde poder tener un plan de vida, criar a mi descendencia y envejecer.

E incluso con dicha vivienda en propiedad, todavía tengo miedo de que a un banco se le vaya la pinza, venda mi casa a un fondo y me echen a la calle, porque si nadie para esto, el final va a ser absolutamente terrible para todos, hasta para el que vota a favor de quien aplaude a las empresas, que al final no es más que un peón más que usar cuando se necesite.

Escribo esto con rabia, con miedo de un futuro incierto y todo esto desde una posición MUY aventajada frente a lo que vemos en las calles. Hay una media de 44 desahucios por día en este país. Eso es una métrica horripilante y de verdadero temor porque hoy será esa familia, pero mañana puedes ser tú. Tu hijo. Tu nieto. Hoy veía en las noticias que a una familia que avaló la vivienda de su hijo la querían poner en la calle. Una familia que, como es normal, hizo y removió el mundo para ayudar a su descendencia a vivir su vida libre, vive ahora con miedo de dormir en la calle.

Miedo todos los días al despertar de que sea el último viviendo en las cuatro paredes que han visto pasar su vida. Miedo al futuro. De que los dirigentes que nos tienen que proteger nos tiren a los lobos. Que aquellos que digan que van a hacer algo solo hagan eso, decirlo. O que cuando lleguen medidas para paliar, sea demasiado poco y demasiado tarde. Es normal que en la calle cada vez el mundo esté más enfadado. Es natural que la gente salga a la calle a protestar y acampar contra el sistema, y poco que lo han hecho a mi parecer.

Todo el mundo está cansado, asustado y muy pero que muy enfadado. Es un milagro que no haya habido ninguna violencia política todavía, os lo juro. Hace 30 años lo mismo alguien hubiera puesto una bomba y, ¿sabéis que? Que no podría terminar de condenar el motivo, aunque sí las posibles consecuencias humanas. Porque cuando llevas a la gente a límites así, cada día que pasas como dirigente lo pasas en tiempo prestado. Porque están a nada de que a alguien sin nada que perder se le crucen los cables.

Me da miedo, asco y rabia ver lo que ocurre cada día por la televisión, y en redes. Se nos vendió que el futuro sería todo para mejor, y parece que estamos a punto de volver a los años 30 de verdad. Estamos a nada de que se cree otro etnoestado en cualquier lugar del mundo para mandar ahí a los inmigrantes. A nada de que los policías puedan meterte en chirona por no apoyar públicamente el régimen, o de simplemente acabar en una cuneta. Mirad a Pablo Hasél, que sigue en la cárcel por la «Libertad de expresión».

Empiezo a pensar que la libertad de expresión es solo para el que tenga poder para que los jueces hagan la vista gorda. Y que cada vez que salgamos a manifestarnos temamos porque venga un policía armado hasta los dientes a, bueno, partirnos los dientes, y que no le pase nada por su violencia es libertad de expresión también. O bueno, falta de la misma.

Es absurdo y podría haber sido totalmente evitable haber llegado a estos niveles, pero triste, muy tristemente nuestros dirigentes nos han tomado por tontos fáciles de abusar. Odio estar así día sí y día también, y cuando pienso en el futuro peor me pongo.

 

El futuro.

 

Como ya he dejado caer en alguna otra ocasión, mi plan es con suerte propagar mi línea de sangre a través de un heredero. Se me pone la piel de gallina cuando tengo que pensar las siguientes cosas:

1.- ¿Podrá vivir algún día fuera de casa?

2.- Si es así, ¿dónde? ¿En un cuchitril de 50m2 con 10 compañeros?

3.- Si quiere formar una familia, ¿tendrá sitio para hacerlo?

Y unas cuantas más.

Cuando era pequeño, se suponía que mis padres velarían por mi futuro con sus elecciones políticas. Yo me estoy viendo ya en la misma situación y ni siquiera he empezado el proceso, qué me estás contando. Se nos vendió tanto de jóvenes ser propietarios, vivir como nuestros padres, holgados, en el mismo trabajo y criando una familia. Quizás no siendo ricos, pero si nunca pasando hambre. Y según escribo esto, me acabo de gastar 95 euros en llenar el tanque de mi coche porque la gasolina está tan cara que vamos a empezar a compartir el coche Chori y yo.

A vosotros esto de tener dos coches lo mismo os suena a ricos, pero hasta ahora mismo y desde siempre ha sido mi normalidad. Mis padres tenían uno cada uno, más el de mi hermano. Los padres de ella también tuvieron dos hasta que su madre dejó de conducir. Los padres de mis amigos cada uno tenía su coche. Si yo tal y como está la cosa que, de nuevo, no puedo quejarme, estoy teniendo que apretarme el cinturón, ¿el día de mañana…? No será ya el «No tendrás nada y serás feliz» que tanto se proclamaba, será el «Pertenecerás a una empresa y morirás triste y exhausto«.

¿Veo solución?

Sorprendentemente, sí. Sí que la veo, si.

Cosas como las manifestaciones a nivel nacional, las acampadas y el súbito cambio de visión pública me dan esperanzas de que algo se puede hacer. Nada se consiguió votando, todo lo que tenemos hoy día lo tenemos porque lo luchamos. Si las acampadas acaban y la presión se afloja, es probable que volvamos a donde estábamos. Por eso creo en una ciudadanía, unida, luchando por lo que es bueno para el futuro.

Si no somos capaces de salir todos a la calle y, pongamos, exigir que se reduzca el horario laboral, de nada servirá llorar y pedirles a los políticos que peleen por nosotros. Partiendo de la base del puñetero D’hondt y de que esto es un chiste de lo que denominamos «Democracia», hay que tomar la acción de nuestra mano. ¿Qué es un coñazo? Pues sí. Y decirle a la gente imbécil que no está bien pedir que los inmigrantes trabajen gratis y sin derechos es aún más coñazo porque no escuchan, pero pegarles un tiro o encerrarlos no es una opción.

Quizás de no haber caído en la trampa de las clases sociales esto no hubiera pasado. O de haber pedido referéndums cada dos por tres. De poco sirve ya quejarse si no es para hacer reflexión y poner remedio al futuro.

 

Outro.

 

Bueno pues creo que ya se nota mi ideología. Me gustan los cazas gordos, los libros introspectivos y curiosos y la gente con vivienda digna y trabajo digno.

Ace Combat 2, por muy guay que esté y me haya encantado, no da más de hablar donde lo veis. Es divertido de narices y lo recomiendo más, pero reitero que es un juego simplón si buscáis algo con más chicha en historia.

Por otro lado, Piranesi es un libro genial, cortito y que a cada página te da más y más ganas de saber cómo termina todo. Haciendo un poco de memoria, y viendo que mis libros anteriores a este y la Ilíada fueron ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, 1984 y La Metamorfósis creo que puedo decir que me gustan ese tipo de libros. Tengo unas ganas de leer transhumanismo que no sabéis. ¿Cuándo lo haré? Con suerte pronto. Me cuesta agarrar y escoger un libro, pero estoy poniendo de mi parte para volver a pillarle el tranquillo. Si ya ponéis de vuestra parte y me recomendáis algo que NO haya leído Alexelcapo, os lo agradezco.

Y bueno, siento que podría hablar mucho más de la vivienda, pero probablemente acabaría tachado de anarquista y anticapitalista. A veces pienso qué pasaría si fuera más ignorante, pero esa persona definitivamente no sería la que os escribe aquí hoy. Quiero que os toméis esto como un punto de reflexión personal, y de qué habría que hacer o donde hemos errado. Ojalá dentro de 10 años todo esto haya quedado atrás, y podáis invitarme a vuestra casa en propiedad. Tomar un café y charlar como amigos, todos con su propio lugar íntimo al que llamar «hogar».

Con esto me despido, no sin antes anunciar que el mes spooky va a comenzar, y veremos si me da tiempo a terminar el Alice’s Madness antes de que vaya a Madrid a visitar a mis amiguis a los cuales voy a crujirles la espalda de un abrazo a cada uno. No tengo nada pensado en especial de temática, pero bueno como ya tenía el juego elegido para la consola, qué mejor que estas fechas dada el contexto.

Cuídense, alíense con sus vecinos y su comunidad, y defiendan todo lo que creen. Tenemos derecho a estar equivocados, a caernos. Pero tenemos el deber de luchar porque se nos permita intentarlo una vez más.

¡Chao!

 

 

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