Dejadme que os hable de las consolas con un relato.
Capítulo 1.
El suelo está frío. Me despierto entre sudores congelados y un sol que me ciega a través de los pequeños huecos de la persiana. La cabeza me da vueltas, y la boca me sabe a hierro. La sala está vacía, pero parece un salón típico, cómo el de cualquier casa de principio de los años 90.
Intento mirar por la ventana, pero la luz solar es demasiado fuerte para dejar ver algo tras las ventanas, y la cuerda de las persianas no funcionan. Las cortinas (de muy mal gusto) tampoco parecen poder apartarse. Hay dos puertas cerradas, un sofá con una mesa de café, y una televisión. Es bonita.
Doy una vuelta por la habitación, pero no veo nada de interés. Decido acercarme al baño, sin puerta por algún motivo, para al menos refrescarme y ver si me puedo estabilizar un poco, el dolor de cabeza me está matando.
Cuando me giro para volver al salón, veo que hay unas consolas que antes no estaban. Se presentan ante mi una NES, una Megadrive, una Super Nintendo y una Nintendo 64.
— Ah.
Suspiro, volviendo a pensar en que estoy solo en la habitación.
— ¿Tendré que jugar con alguna?
Digo, en voz alta. Eso me hace recordar dos cosas: La primera es que hablo solo, y la segunda es que efectivamente estoy solo. No tengo ni idea de cómo he despertado aquí ni cómo me llamo.
Algo en mi tripa me recomienda no sumirme en el pánico, pues nadie vendrá. De la misma manera, siento ser observado, aunque no ubico ninguna cámara o algo que se parezca remotamente a una.
Explorando los cajones, descubro álbumes de fotos vacíos, pilas que por el peso indicarían que están sin usar, y los mandos de las consolas. Conecto cada mando a su correspondiente consola, pero cuando las enciendo no pasa nada.
— Tonto de mi, poco voy a ver si la televisión está apagada.
En la mesa de café veo el mando a distancia y, tras cogerlo, me siento en el sofá. He puesto los cuatro mandos en la mesa, listos para su uso sin tener que levantarme.
Claro, estas son de las antiguas, si o si hay que levantarse a encenderlas.
Expirando un gran suspiro, me levanto del muy cómodo sofá y enciendo las cuatro. Sin embargo, la pantalla está en negro. Toqueteo un poco el mando, pero tras examinar los cables, todo parece en orden. Es una televisión de tubo grande, de estas que pesaban un quintal y definitivamente no iba a ponerme a moverla. El sonido de la estática inunda la estancia, hasta que cambio, de uno en uno, a cada entrada de video disponible, sin éxito.
Vuelvo a examinar las consolas, y noto algo. No tienen juegos insertados. Hacía años que no veía ninguna de estas tan de cerca, ahora que lo pienso.
Sin poder jugar a nada, y sin antena conectada al televisor, me vuelvo a sentar en el sofá. Ya sin migraña, pero derrotado igualmente. Un cansancio repentino me abruma.
Capítulo 2.
Parece que he pasado unas cuantas horas durmiendo, pero a mi despertar me recibe una nota, y una puerta abierta.
«Pasa, te están esperando.»
¿Quiénes? ¿Mis captores? O tal vez sean mis salvadores. Esperaba que cuando volviera en mí, recordara algo más, pero no ha sido tal caso. Prudente, me levanto y camino hacia la puerta. En una estantería, veo unas consolas más expuestas. Son una GameBoy, una GameBoy Color, una GameBoy Advance y una Nintendo DS de primera generación. Decido probarlas antes, y salvo la DS que venía cargada, tuve que ponerle pilas a las otras tres. Sin embargo, el resultado era el mismo, no tenían cartuchos, y no podía jugarlas.
Con todo lo posible probado, las suelto donde las encontré, y cruzo el umbral de la puerta. Un haz de luz me ciega por un instante, y cuando doy un paso atrás, veo que la puerta por la que acabo de pasar ha desaparecido. Mal momento para no haber ido al baño antes.
— ¿Hola? ¿Hay alguien?
Pero mis palabras se las traga el vacío. Sea donde sea que estoy, estoy completamente a oscuras.
Sirviéndome del tacto, mi mente sugiere la idea de que me encuentro en un pasillo estrecho y recto. Camino durante lo que parecen fácilmente diez minutos, hasta que otra ráfaga de luz me ciega. Tengo los ojos secos a estas alturas, comienza a ser irritante.
Tras recuperarme de ser desorientado una vez más, estoy en una sala cerrada, donde la vista apenas alcanza a mis manos. Una voz robótica la cual no consigo situar narra:
— Da un paso al frente. Introduce tu mano en la caja, no dejes que el miedo se apodere de ti.
Palabras ominosas. Haciendo caso de la voz y, francamente, cagado de miedo, avanzo. Delante mía, una caja de no más de 15x15x15 se deja ver. Está abierta por el centro, pero dentro no se ve absolutamente nada.
Mantengo la respiración, y lentamente comienzo a introducir la mano de la manera más tranquila que me era humanamente posible.
El interior de la caja es infinito, pues sigo avanzando hasta tener el hombro metido. Estoy ya de rodillas, buscando algo que no se qué es, ni veo. No me atrevo a meter la cabeza, pero si que noto como el espacio entre las paredes y yo va disminuyendo y mis latidos aumentando en frecuencia. Comienzo a notar ese desagradable sudor frío caer de nuevo desde mi frente.
— Escucha. Siente. Piensa.
Murmura otra voz, en un tono más agudo.
Empiezo a sentir como la presión de la ansiedad me oprime el pecho. Jadeando, cierro los ojos y zarandeo la mano, rezando por encontrar algo antes de que acabe compactado como un cubo de basura.
Es entonces cuando lo siento. Flotando, en medio del vacío eterno de la caja. Algo toca mi mano. Lo agarro y tiro de ello con toda la fuerza que tengo, hasta sacarlo y verlo.
— ¿!Una… tarjeta micro SD!?
Grito entre los dientes, en pánico.
Otra luz. El ronroneo de las máquinas que movían las paredes con el fin de aplastarme cesa.
Cuando recupero la vista, me encuentro en una sala iluminada en blanco frío, con pinta de estar en alguna clase de laboratorio. Hay una mesa larga en frente de mi, con cartuchos de las consolas diferentes a los que recuerdo, cada uno con una tarjeta microSD a su lado. Por fin ubico la voz, aunque esta vez tiene un cierto acento japonés. Un mando de Famicom desprende la voz desde su diminuto altavoz integrado.
— Hace años que las empresas nos dejaron atrás. Para poder seguir dándole vida a aquello que nos la dio, debimos evolucionar. Estos cartuchos frente a ti representan la evolución. Los Everdrive y Super Everdrive de NES y SNES. El ED64Plus de N64. El Mega Everdrive Pro o cualquiera de sus variantes de Megadrive. EZ Flash Jr para GameBoy y Color. EZ Flash Omega para GameBoy Advance. R4 para Nintendo DS.
— ¿Quiénes sois? ¿Quién soy? ¿Qué-?
Intento cuestionarlo todo, pero la máquina me corta fríamente, siguiendo su tema como si yo no estuviera allí, como si fuera una grabación cualquiera de un museo.
— El mercado de segunda mano quebró al intentar abarcar más de lo que podía con precios infinitos y mal estado de conservación. Eventualmente, uno tras otro, los cartuchos originales acabaron sucumbiendo y dejando de funcionar. Estos nuevos cartuchos nos permiten consultar la librería completa de cada consola, asegurándonos que nadie se quede sin jugar a un videojuego por la escasez del mismo. No puedo decirte dónde puedes conseguir la librería de cada una de estas herramientas, pero la información está para aquel que sepa y quiera buscarla. Ahora ve, vuelve por donde has venido y llévatelos contigo. Más se te hará saber cuando te hayas divertido.
El mando se apaga, y donde antes había una pared, ahora hay una puerta del mismo diseño de las que había en el salón. Cruzo y estoy de vuelta. La puerta se cierra detrás de mi, totalmente inmutable. Algo más calmado, sigo las instrucciones de la voz, y comienzo a jugar, una por una.
La nostalgia me invade durante la sesión, y juego tras juego voy calmando la ansiedad y comenzando a divertirme. El temor y el pánico del misterio que rodea todo lo que está pasando se diluye en juegos ortopédicos, antiguos y aun así tan divertidos como siempre han sido. Como siempre he recordado. No se cómo ni cuándo los he jugado, pero se que lo he hecho.
Las horas de diversión se alargan tanto que ha caído la noche. No siento hambre, pero el cansancio acumulado termina por derribarme, y justo cuando procedo a tumbarme en el sofá para descansar, la puerta que llevaba cerrada desde el principio se abre. Con un subidón de adrenalina, me pongo alerta y me acero lentamente, pero todo cambia cuando veo un dormitorio. Simple, de la misma construcción del salón, con una mesita de noche, un armario cerrado y una cama.
Sin aparentemente nada más que hacer, me acuesto, y caigo instantáneamente en un profundo sueño.
Capítulo 3.
Cuando abro los ojos, me recibe el mismo techo que ayer, pero al menos no desde el suelo. Ha sido recuperador, pero aunque haya despertado más tranquilo, no por ello estoy menos confuso. Es una sensación extraña el saber qué es cada cosa, pero que tu memoria cese en lo que intentar recordar quién eres o que has hecho en tu vida. En cualquier caso, me levanto con el estomago saciado a pesar de no haber comido nada desde que estoy aquí, y salgo de la habitación.
— Ah, el salón ha cambiado por completo. — Digo entre bostezos, quizás más tranquilo de la cuenta. — Al menos es algo más moderno.
La puerta del dormitorio se volvió a cerrar a cal y canto.
Frente a mi se había materializado un salón nuevo, más cercano al final de los años 90. La televisión era algo más moderna, como toda la decoración. Ahora había un ordenador, y una estación de soldadura. Me dio un escalofrío al verla; una parte de mí sentía que sabía perfectamente cómo usarla, pero mi mente consciente no lograba recordar el porqué, así que preferí no acercarme. Las consolas de ayer ya no estaban, otras las habían sustituido.
Conectadas todas en fila en una balda en el mueble podía ver una Saturn, una Dreamcast y una Playstation. Igual que con las del día anterior, recuerdo haberlas visto antes, pero nada más. Suponiendo que todo funcionaría como ayer, procedí a probarlas de la misma manera, con un resultado idéntico. Imponiéndome algún tipo de rutina para despejar la tensión, comencé a rondar por el salón, investigando todo.
En general se notaba que habían pasado los años en el sitio, todo estaba más actualizado. El baño tenía una ducha ahora en vez de una bañera, así que decidí echarme un agua fría para templarme. La sensación del agua cayendo sobre mi podría haberme aportado algo, pero en su lugar solo fue un pasatiempo más. Al salir, había un albornoz que no estaba antes, con las letras «B.L» bordadas en el pecho. Era de un estilo kimono, recto y cómodo para casa. En el bidet estaba mi ropa, la misma que la de ayer, salvo que limpia y planchada.
No llevaba en la ducha dos horas, eso no podía haberse hecho en los tristes 10 minutos que estuve en remojo.
Cuando salí, al menos no oliendo ya a sudor fermentado del día anterior, una nueva nota me esperaba frente al sofá:
«Pasa, no los hagas esperar.»
Por supuesto, líderes supremos que me tienen encerrado en un salón que cambia cada noche, con una plancha y lavadora automática y algo que me da de comer de manera inalámbrica.
Oigo un «click» distintivo que indica que la puerta está abierta, y la historia se repite. Tras cruzar, el pasillo negro de ayer me recibe con los brazos abiertos y, en plena oscuridad, avanzo hasta otro flash que indica que he llegado a otra clase de prueba.
La voz es esta vez más grave, pero el peso de sus palabras no ha cambiado lo más mínimo.
— Siéntate en la silla. Relaja la mente y encuentra la conexión.
Frente a ti, a pocos pasos, se encuentra una silla con respaldo, a medio camino entre una silla de operaciones, y algo un poco futurista, con cables y luces parpadeantes. No hay elección, así que me siento. Una luz, roja esta vez, comienza levemente a cegarme, hasta que lo último que siento es algo pinchándome secamente en la nuca, hasta el fondo.
Capítulo 4.
No siento el cuerpo. Por no sentir, no me siento ni yo. Intento mover las manos, los dedos, pero no siento una respuesta. Solo veo… un punto. Tan solo de pensarlo, me propulso hasta el. El calor que recibo al «tocar» el punto es doloroso, pero no mortal. Tengo que apresurarme, cada segundo que paso que no estoy en uno siento una terrible agonía, como que algo terrible está a punto de pasar.
Un punto, tras otro, voy quemándome, y conectando los puntos. A veces no me conecto bien, pero algo o alguien me reconecta. Otras veces, noto como un pringue al llegar al punto, y el calor es más generalizado.
Siento una eternidad pasar entre puntos, a veces horas en un intento por, mentalmente, acercarme a cada uno. Es algo difícil de describir. No me siento como una persona, sino como un cable. Pero psíquico, no real. Dudo que pudiera sentir que estoy hecho de cobre, la verdad.
Finalmente, tras conectar un punto más, despierto.
Liberado de la silla, me agarro las muñecas sintiendo las marcas que me ha dejado el amarre. Puedo ver a mi izquierda una mesa, con equipamiento de electrónica al igual que el salón.
— Venga vamos, no me jodas.
Más claro imposible, ese calor que sentía, esas conexiones… y la placa base llena de cables recién soldados en la mesa, ahí puestos. El olor a flux, y a estaño inundan mis sentidos. Antes de que pueda seguir examinando la escena del crimen, y sintiendo un poco de calor desagradable recorrerme, la puerta se abre, y vuelvo a la misma habitación de laboratorio. Esta vez son tres los objetos en la mesa, tres placas base y conectores.
Desde la tarjeta de memoria de la Dreamcast, una voz muy pero que muy aguda comienza a hablarme.
— En la muerte del cartucho y el auge del CD, debimos adaptarnos. Volver a evolucionar. Estas placas que ves frente a ti son la opción disponible ante la muerte de los láseres de estas consolas. Lo sustituyen por una lectura, una lectura en micro SD como las que pudiste ver ayer. Fenrir Pro o Pseudo Saturn Kai para la Sega Saturn. GDEmu para la Dreamcast. Xstation o ArcStation para la Playstation. El plástico se debilita, pero lo digital es eterno. Quizás tengas que soldar alguna como la Xstation, pero lo cierto es que ya sabes hacerlo, ¿verdad?
Esta vez la voz no parece una grabación genérica, sino que va dirigida a mi, personalmente. ¿Es cierto que se soldar?
Armado de valor y algo más recuperado, pregunto, lleno de curiosidad.
— Esas pruebas que hice ayer y hoy.
— ¿Qué quieres saber de ellas? — Respondió la voz, ante mi sorpresa.
— ¿Qué me habría pasado si no… si no las hubiera superado?
— El «yo» que no las superó ya no es de importancia. Siga siéndonos de utilidad, y no tendrá que descubrirlo. Ahora coja los artefactos e instálelos. Disfrute de su tiempo.
La respuesta me dejó absolutamente helado. Magnitudes de diferencia con el agua fría de la ducha. Durante unos segundos, me faltó la respiración. ¿Qué pretenden conmigo?
Más confuso que antes, salgo de la habitación y vuelvo al salón. El Fenrir y el GDEmu son de quita y pon, por lo que en la mesa de electrónica desmonto las consolas y los instalo. El Xstation requiere de soldadura, pero aparentemente la voz tenía razón, se manejarme con estos cacharros. Tras un rato soldando, y una guía que aparecía cargada en el ordenador, lo puse a funcionar.
No se por qué, pero me sentía más cómodo con estos juegos. Los recuerdos que iba recuperando evocaban memorias de cuando era niño.
La noche vuelve a caer, y me retiro a mis aposentos a dormir una vez más. De camino al cuarto, suena algo en el ordenador, un correo electrónico. Juraría que no tenía internet. La dirección viene cifrada, pero el mensaje no.
«Cuando notes que el fin llega, haz un salto de fe.»
El mensaje es lo suficientemente críptico como para no dejarme pegar ojo en toda la noche.
Capítulo 5.
La predicción fue cierta, aunque dormí no descansé mucho. Lo que más me inquieta es cómo pudo mandar ese mensaje ese anónimo. Cuando salgo a la habitación, el escenario ha cambiado un poco. El salón ya no tiene una estación de soldadura junto al ordenador. La televisión empieza a ser más plana, y el sofá parece más cómodo que antes. Junto al televisor, encima del mueble, puedo ver una Playstation 2, una XBOX y una Gamecube. En la mesa de café frente al sofá puedo ver también una PSP. Escucho las olas del mar desde la ventana si pego la oreja, o al menos algo que se le pueda parecer.
Cuando noto algo de calor o frío, un aire acondicionado que antes no estaba ahí se enciende según la necesidad. Abriendo todos los muebles descubrí también que si tengo hambre, comida aleatoria de época aparece ahí. A veces platos fríos, otros calientes y recién preparados, y en otras ocasiones, snacks. La comida parece auténtica.
En esta ocasión, a pesar de tener la nota en el sofá, decidí no leerla. Con como tenía la cabeza tras el susto del correo, pasé lo que sentí que fueron como un par de días sin hacer nada. Se ve que si no avanzo la prueba no se hace de noche, así que me tapé los ojos con la camiseta e intenté descansar mientras me deshacía el lío tremendo que tenía en la cabeza.
Tras reposar la idea y salir con nada en claro, decidí leer la nota.
«Pasa, y disfruta de la sofisticación.»
Algo un poco más curioso, desde luego.
Esta vez, me encuentro en una sala con un acertijo escrito.
— Un buen cambio de aires esta vez, al menos. — Dije, esperando alguna reacción de los que me observan. En vano.
La pantalla leía lo siguiente:
«Una fortaleza se erige imbatible en el horizonte. Sus techos paran cualquier proyectil, al igual que sus paredes. Sus puertas son inexorables, han parado las mayores de las invasiones. Si es que siquiera llegan a la puerta, pues el foso al abismo rodea todo y es imposible de escalar. ¿Quién es el único capaz de atacar por todos lados a la vez a semejante defensa?».
[…]
— El aire. Deben de tener ventanas, o a lo sumo algo que les otorgue aire, o sino por mucha comida y agua que tengan, morirán.
«Es correcto, adelante».
En la sala de laboratorio, en este caso, solo hay una pequeña placa, una Memory Card con un DVD y un USB, y un USB junto a un disco de Xbox. A su lado hay, en una mesa más pequeña, un cable de Micro USB.
— Según las consolas avanzaban, nosotros lo hacíamos con ellas. Si su sofisticación aumentaba, el método que usaríamos para ello también. Frente a ti tienes un Flippy Drive de Gamecube, una Memory Card con los archivos listos para insertar en una Playstation 2, junto a un DVD con los programas necesarios y un USB con algunos más. A su lado tienes un disco de Splinter Cell para la XBOX, y un USB con el conector correcto con los datos ya preparados. Por último, tienes un cable Micro USB para conectar a la PSP.
» Estas consolas ya soportan una conexión a red, y estas jugarretas que hacemos en ellas nos permiten acceder a los juegos desde nuestro propio ordenador. El Flippy Drive es simplemente conectarlo. La PSP requiere que instales mediante el cable unos archivos del ordenador, solo eso. Para la PS2, deberás insertar el DVD a la vez que la Memory Card y el USB. Pasar los datos correspondientes del USB a la tarjeta de Memoria y seguir las instrucciones para configurarla. En la XBOX es algo similar. Una vez hayas lanzado el juego, inserta el USB y lanza la falla que te permite pasar el archivo correspondiente y reescribir la consola para someterla a nuestra voluntad.
— ¿Es eso lo que pretendéis conmigo? ¿Someterme a vuestra voluntad?
— Harás lo que se te ordene, o no habrá un «tu» que vuelva a existir. Nuestra investigación debe continuar.
Con las herramientas en mano, vuelvo a la habitación. Los archivos que contienen las instrucciones aparecen en el escritorio del ordenador, así que siguiéndolas al dedillo termino de instalar todo. La PS2 lleva PSBBN, la PSP ARK-4, la Gamecube Swiss y la Xbox XBMC. Todo es relativamente sencillo, y en menos tiempo del que esperaba estoy disfrutando de las consolas. Al conectarlas a la red mediante Wi-Fi o por cable, veo la librería de juegos completa aparecer en cada una de ellas.
Cuando termino, y tras cenar algo, me encuentro algo mejor. Sin embargo, no puedo zafarme de la idea de recibir otro correo misterioso, o algo peor. Si alguien quiere sacarme de aquí, es porque los que me tienen son mis captores. O quizás me quiera para experimentar conmigo en vez de los que me observan ahora.
En cualquier caso, me voy a la cama algo más reconfortado. No puede quedar mucho más, espero. Al menos para ese salto de fe.
Capítulo 6.
— BL, ¡No podemos quedarnos mucho más! ¡El edificio está a punto de derrumbarse, el sótano no es seguro!
—¡No! Si quieren venir a por mi, que vengan. Juré proteger esta información, y haré lo posible por conservarla aunque me lleve la vida en ello.
— ¡No seas terco! Todo esto está ya archivado en los servidores de las naves de escape, y como no muevas el culo ahora mismo, ¡arderemos con el planeta! «Ellos» no pararán hasta quemar el último milímetro cuadrado de nuestro hogar.
— No, tal vez arda yo. Pero tú —mientras cargo el rifle en modo tranquilizante—, tú vivirás para que puedan volver a por mí. No tienes que sufrir por mí, la decisión está tomada. Yo mantendré el fuerte.
Se oye un disparo y un grito ahogado que cesa tras pocos segundos del impacto.
— Droide, lleva a la teniente y a los heridos del piso de arriba a la nave de evacuación más cercana, y guarda las coordenadas de referencia para una futura extracción cuando te sea indicada.
«Todo saldrá bien. Protegeré la historia.»
Capítulo 7.
Me despierto repentinamente, pero no recuerdo el motivo. Solo se que he tenido una pesadilla, porque estoy agarrando aun las sábanas con todas mis fuerzas cuando me quiero dar cuenta. El cuarto parece diferente cuando centro la vista. Como si hubiera encogido en la lavadora ligeramente.
Para ya mi completamente nula sorpresa, el cuarto ha vuelto a cambiar. Estamos a mediados de los 2000, con una televisión más plana que antes, un sofá de diseño y todo un poco más soso, la verdad. El ordenador es portátil ahora, aunque se nota más nuevo que la torre que había en su lugar. Al menos ya no me dejaré la vista.
Al lado de la televisión podía ver una Wii, una Playstation 3, una Xbox 360 y una PS Vita. Puedo acceder a los menús, pero poco que hacer sin los juegos.
No obstante, algo no cuadraba del todo. Los muebles ya no se podían abrir muchas veces, y había en general menos luz. Sonaba el mismo mar fuera de la ventana, pero sonaba casi… casi como en bucle. Artificial. Como no podía abrir apenas los muebles, tampoco encontré comida. ¿Me están castigando de alguna manera? La habitación está algo fría, y noto el aire estancado, pesado.
Intento no darle muchas vueltas, me ducho y esta vez voy directo a la prueba. No quiero seguir más tiempo aquí del necesario. Ni siquiera leo la nota esta vez, no creo que me aporte nada a estas alturas. La puerta se desbloquea sola, y paso directamente.
El pasillo negro de siempre me recibe indiferente. ¿Cuántos «yo» habrán pasado por aquí? ¿Soy yo siquiera yo mismo? Los que me observan bien podrían leerme la mente, pero dudo que ni con esas me darían una respuesta. El pasillo conecta a una sala, donde se encuentra una escopeta y un bebé. Quieto, pero vivo. Respira. Puedo oírlo respirar y ver sus ojos moverse en la sala, totalmente iluminada esta vez.
Plagando las paredes hay una infinidad de cámaras que siguen cada uno de mis movimientos. Esta situación hace «click» en mí.
La escopeta es una clásica, como de un videojuego. Dos barriles, y dos cartuchos ya cargados dentro.
La voz habla.
— Mata al niño. Mata al niño y serás libre.
¿Lo seré? No lo creo, no. Aunque por un lado me han dado de comer y mantenido con vida… Pero a cambio de… ¿de qué? No se ni quien soy, ni que hago. Con todo lo que se bien podría estar arruinando mi vida con esto, o salvándome por completo. ¿Merece que les tome la palabra? ¿Son siquiera algo capaz de razonar o negociar mi vida conmigo?
— Mata al niño.
¿Qué ha hecho el niño para merecer esto? El, también como yo, ¿está preso? ¿O a salvo? ¿Es siquiera un niño? Quién me dice a mi que no es un robot, o que soy yo en el pasado, o la puñetera Margaret Thatcher. ¿Quién es Margaret Thatcher? Siento unas ganas terribles de orinar.
— Mata al niño.
Las paredes comienzan a moverse. Creo que quieren que actué.
— Mata al niño.
La temperatura de la habitación sube y baja descontroladamente, la ansiedad no me deja gritar, pero aunque sienta el ansia en el cuerpo, la mente va fría como un témpano.
— Mata al niño.
Cuando parpadeo, noto peso en las manos. Mientras no miraba, la escopeta ha aparecido empuñada.
— Mátate.
¡!
La voz ha cambiado, el tono es distinto, aunque sea algo insignificante.
No dudo. Presiono los cañones contra mi frente, y disparo los dos cañones a la vez, mientras esbozo una sonrisa de oreja a oreja de determinación y desafío. No quiero que quede nada de mí. Estoy totalmente determinado a morir si con ello escapo de esto.
Capítulo 8.
Despierto en el suelo. Está congelado, pero yo estoy ardiendo. La sala es un laboratorio como la de los días anteriores, pero se nota muy dejado, antiguo. Las luces apenas funcionan y estoy en penumbra. El suelo está sucio, lleno de polvo y escombros. Hay pantallas rotas, cables colgando del techo. Al fondo de la habitación, hay un escritorio con un DVD que lleva una nota y un ordenador aun funcionando a duras penas con la pantalla rajada, pero funcional.
«Mete el disco y pulsa A para verlo»
Tras introducir el disco, una cara que me resulta familiar pero no logro recordar comienza a hablar en el vídeo. La persona está vestida con una bata de laboratorio, y con un ajuste de gafas y una postura erguida se ve a la legua que goza de tremenda inteligencia.
«Ve-verás, la séptima generación de consolas trajo algo que realmente no habíamos explorado hasta ahora, que son los sistemas operativos propios, y la conexión a internet. Cosas como la Xbox 360 hoy en día si que necesitan soldar un RGH3 o usar un USB para realizar el ABadAvatar como un método sencillo de entrar en la consola. O tal vez la Wii, que con una simple tarjeta SD con los archivos correctos queda totalmente desblo… blo… blo… blo… queada, y permite conexión a tu ordenador mediante Wi-Fi. Pero cuando entramos en las consolas de Sony, la PS3 y la PS Vita tan solo necesitan un poco del mojo que conocemos como ‘Internet’ net-net-net.»
La imagen a veces fallaba, entre la estática y la propia corrupción del sistema.
«Adentrarse en las profundidades de la PS Vita es tan ssssencillo como entrar en una página web desde la misma consola, seguir los pasos y comenzar a instalar todo lo que necesitemos, como PKGJ. ¡Pero es que la PS3 no se queda atrás! Como buena co-co-con-ssssoola hermana que es, ¡tiene literalmente el mismo método! Tan solo entra en una dirección en concreto por el navegador de la consola y a-a-a-a-a-actiiiivzzzza la magia, ¡es así de simple!»
El video comenzaba a fallar más de lo normal, indicando la muerte del ordenador.
«Era muy no-no-no-normallll utilizar herramientas como PKGJ para acceder a los juegos descargables desd-desd-des-dEsdE la propia coNSOla. Usaban los servidores de SONY, pero en 2027 esto se acabó y hubo que rediriGIR esas aplicacIONes a servidores de gente privados, a la sombra de la empresa. Qui-qu-ien creó las consolas yA no quería hacER-se-se-se cargo de ellas, y nos tocó a la comunidad salvaguardarlas. Únete a la comunidad, y ayud-»
Un sonoro y chirriante pitido anuncia la muerte de la máquina, seguido de un poco de humo y algún que otro chispazo. Investigando la mesa, encuentro en un cajón un pendrive con «360» grabado a rotulador y un pulso tembloroso.
Quiero seguir abriendo cajones y buscando algo que quizás me sea de utilidad, pero un panel del techo cae con una tremenda fuerza, y una luz cegadora me envuelve.
Cuando vuelvo en mí, he vuelto a la habitación, como si nada hubiera pasado. Pero el ambiente no es el mismo, en absoluto. El aire está aun más cargado que antes y aunque logro jugar sin problemas a las consolas, la atmosfera es apabullante. Termino la sesión con un fuerte dolor de cabeza y un poco de nauseas. Creo que los que me miran no se esperaban que llegara a esa sala.
¿Voy por el buen camino?
Capítulo 9.
Por la mañana, los cambios son evidentes, y deprimentes. El salón es una amalgama de todos los salones anteriores, decorados con un mal gusto que te darían ganas de vomitar. No es solo eso, sino que tiene parches donde no hay… nada. Como si se hubieran olvidado de recrear ahí algo, y solo hubiera un bloque blanco sin nada adherido o diseñado en el. Como cuando ves un juego y le falta una textura, y es solo un mar de nada. Hablando de mar, cada vez suena más fuerte y distorsionado, como si la cinta se hubiera quemado lentamente.
La sensación de respirar se hace cada vez más nauseabunda, y el sofá ni siquiera es cómodo ya. Tengo hambre, y me dan escalofríos por una temperatura en el límite de lo desagradable, pero por ambos lados del espectro. No descansé nada durmiendo, y la migraña ha vuelto como el primer día.
Todas las consolas anteriores están expuestas en la pared, como trofeos de caza. Hay unas nuevas a la vera del televisor: Una Playstation 4, una Playstation 5, una New Nintendo 3DS y una Wii U. Mientras les echo un vistazo, una voz entra en mi cabeza a gritos.
— PASA, PASA LA PUERTA Y DANOS LA CLAVE PARA DESTRUIRTE.
Ganas no me faltan de resistirme, pero el cuerpo me indica que es inútil cualquier clase de esfuerzo. Sea lo que sea que me están haciendo, me ha dejado completamente drenado de energías. Cierro el puño y arrastro mi cuerpo con las fuerzas que me quedan hasta la puerta, que me absorbe con una fuerza tremenda antes de que pueda siquiera registrar que ya estoy dentro del oscuro pasillo de siempre.
Una vez dentro, siento algo que me agarra de los brazos, y tira de mi con tanta fuerza que siento que me los va a arrancar de cuajo, el dolor es insoportable, y persiste una vez me dejan en la sala de la prueba. Caigo a plomo sobre el suelo, ya sin fuerzas. El suelo vibra con mis respiraciones, y veo a través de el un abismo infinito y vacío. Las paredes de la sala son irregulares, casi como si el metal estuviera puesto encima de una pared de piedra de una cueva, una visión orgánica frente a todo lo visto antes.
Las cámaras del día anterior persisten, pero con movimientos erráticos y zooms que inundan de un sonido mecánico la sala.
Las luces del techo parpadean, como si de un error de iluminación mal programado se tratase. Una figura vagamente humanoide hecha de cables emerge de una de las paredes delante de mi, como si atravesara una cortina de agua.
— ¿QUIÉN ERES?
Con las pocas energías que me quedan, tan solo puedo ser sarcástico ante una muerte segura. El miedo a estas alturas es más que ilógico y no merece la pena centrarse en el.
— Buena… pregunta… ya me gustaría a mi… saberlo…
La vista se me comienza a nublar.
— ¿CÓMO HACKEAS UNA PS4, HUMANO?
El conocimiento inunda mi mente con cada palabra. No puedo sino responder.
— Es muy… sencillo de hecho… solo necesitas un cable de red y una aplicación para iniciar el exploit… igual que a la Playstation 3 puedes instalar aplicaciones que te permitan… bajarte los juegos desde la propia consola… hasta un niño siguiendo un tutorial sabría hacerlo…
La boca te sabe a hierro.
— INFORMACIÓN RECOGIDA. EXPLICANOS COMO VULNERAR UNA WII U.
— ¿Y si no se como?
— EXPLICANOS LA VULNERABILIDAD.
Las palabras salen solas, llevándose con ellas la poca vida que me queda ya.
— Solo necesitas… una conexión a internet y una tarjeta SD… Entra en el navegador de la consola y ejecuta una dirección en concreto… sigue las instrucciones e introduce la tarjeta para terminar de actualizar el sistema… operativo…
— INFORMACIÓN RECOGIDA. HABLANOS DE LA NEW NINTENDO 3DS.
Hago un esfuerzo real por contenerme, pero algo en mi mente presiona un botón y comienzo a hablar contra mi voluntad. Sin embargo, consigo filtrar un poco la información.
— Es sorprendentemente fácil hackear tu Nintendo 3DS… solo necesitas una tarjeta SD y la guía que podrías encontrar con una simple búsqueda de Google… no tiene pérdida… pero no te la diré.
— INFORMACIÓN RECOGIDA. AHORA LA PLAYSTATION 5.
No.
— …
— DANOS LA INFORMACIÓN. CÓMO PODEMOS DERROTAR LAS DEFENSAS DE UNA PLAYSTATION 5 HUMANO.
Empiezo a susurrar sonidos varios. La máquina se acerca en un abrir y cerrar de ojos a mi, y me cuelga entero a la altura de sus ojos cogiéndome del cuello con una fuerza que podría fácilmente pulverizar mis huesos.
— INFORMACIÓN INCONCLUSA. AUMENTA EL VOLUMEN O SUFRE LAS CONSECUENCIAS.
Espero hasta que está a unos centímetros de mi y le escupo con las últimas fuerzas que me quedan.
— Y… por qué… no… mejor… te vas… a tomar por culo… ¿eh?
Siento algo punzante atravesarme el pecho de principio a fin, rasgando todo el tejido, y noto como mi cuerpo casi sin vida cae al suelo. El sonido hace retumbar toda la sala, y rápidamente pierdo el conocimiento.
Este es el fin.
Capítulo 10.
O eso pensaba yo. Cuando abro los ojos, estoy en el salón de vuelta, salvo que todo está sin texturizar, en un error absoluto. Tengo la cabeza como un bombo, así que lentamente me pongo recto y me apoyo en el sofá. Recordando brevemente lo que había pasado, empiezo a examinarme de manera histérica, buscando alguna clase de herida o agujero gigante en el pecho, pero estoy totalmente sano. No entiendo nada de lo que está pasando ya.
Centrando la vista, y volviendo a calmarme como me es humanamente posible a estas alturas, miro más detenidamente la habitación. La única cosa que parece estar en su sitio es la ventana, cuya luz atraviesa aun con más fuerzas las cortinas. El salón es el mismo, si. Pero todo con un color blanco plano, como si nadie se hubiera molestado en darle color, todo parece sacado de un molde del objeto real sin el más mínimo esfuerzo por más.
Pero algo me llama la atención.
La Playstation 5 sigue con color.
No les llegué a contar nada, pero la verdad es que sí sé cómo hackear una PS5. La pregunta aquí es más bien cómo narices se eso. Mi propia voz me suplica desde dentro.
— Tengo que piratearla, tengo que piratearla o no saldré de aquí nunca, TENGO QUE PIRATEARLA YA CUESTE LO QUE CUESTE.
Así que empiezo. Conecto la PS5 al televisor, que por suerte aun enciende. Compruebo la versión y es inferior a 12.70, por lo que puedo hacerlo. Desactivo las actualizaciones automáticas, y hago una copia de seguridad con el USB.
Empieza a nublárseme la vista. Noto como un humo blanquecino sale por los bordes de las puertas.
— Me tengo… que dar prisa.
Usando el ordenador paso los archivos al pendrive, el Nano DNS, Elf Arsenal y Y2JB Autoloader. Formateo la consola a fábrica, y con un cambio de DNS activo, entro en la aplicación de Youtube modificada. Espero un poco, y eventualmente me lleva a una pantalla desde la que configuro todos los accesos necesarios.
Noto el humo plagándome los pulmones lentamente.
Una vez está todo instalado, puedo desde el ordenador cargar los juegos para que se instalen en la consola, teniendo acceso completo a la tan pequeña librería de la consola.
Cuando está todo listo y terminado, no me da tiempo a probar el juego. Una increíble y pesada sensación de angustia se apodera de mi, y la adrenalina entra en acción.
Las paredes de la habitación comienzan a empequeñecerse, primero despacio pero cada vez más rápido. Los muebles se funden en el suelo y desaparecen, y solo queda morir aplastado. Pero con el cerebro más claro que nunca y nueva vida en mis músculos, corro hacia el baño.
La ventana hacia la luz es mi única salida, así que entro en el baño echando todo el peso contra la puerta, casi desmontándola. Cojo el albornoz con las letras «B.L» bordadas, y lo envuelvo en mi brazo derecho. Pongo la camiseta, recién mojada del lavabo, de manera que me tape la boca y la nariz y evitar que me desmaye del humo.
Cojo toda la carrerilla que puedo, y me lanzo contra la ventana cargando con el hombro. La primera vez reboto, notando como algo en mi brazo se dispara con un dolor terrible, pero sigo.
Cargo otra vez.
Y otra vez.
Totalmente exhausto, y con cada vez menos espacio para coger carrerilla, lo veo claro. Cojo la PS5 y la lanzo contra el cristal, quebrándolo y dejándolo listo para un último golpe. Es una tan bella situación kármica que haya podido usarla de pisapapeles al final. Las piernas me arden, pero acumulo toda la energía que me queda, y atravieso el cristal, lanzándome al negro del espacio. En los pocos segundos que tarda mi sangre en hervir por el vacío, y mi siguiente muerte, entiendo que significan las palabras que veo flotar junto a mi en el albornoz.
«B.L»
— Buen lector. — se me escapa junto con los últimos estertores de aire que me quedan.
Fin.
Ahora es cuando os hablo de verdad.
Bueno, si habéis llegado hasta aquí, permitidme que os dé la enhorabuena. Es la primera cosa novelística que escribo. Me parecía tan sosa la idea de simplemente ir consola por consola de manera mecánica diciendo la manera más fácil de hackearla que se apoderó de mí un demonio ensayista y bueno, aquí estamos. Ahora toca que hablemos seriamente sobre la piratería, qué significa para nosotros como jugadores, y por qué hay que ser discretos con ella, sobre todo lo último.
La situación cada vez está peor. Las empresas son cada vez más sibilinas, y procuran que no tengamos acceso a lo que ellos no quieran cuando quieran, y opino que eso no debería ser así. Voy a intentar dividir esto en varios apartados por hacerme yo mismo una pequeña escaleta, y desde ahí vamos organizando.
Físico y digital, sea en consola u ordenador.
Tengo que explicar esto porque no está muy claro. La grandísima mayoría de jugadores hoy día juega en digital, el groso así total. Hay mucha más gente de la que creéis que juega a juegos digitales, aunque sean cosas como Roblox o Fortnite, pero lo cierto es que en este mundo de métricas, todo importa. Cada vez quedamos menos con juegos físicos, a lo que yo mismo me adhiero. Es muy pero que muy sencillo: En un piso donde cabemos mi pareja y yo de manera ya algo justita, ¿Dónde puedo ponerme a guardar una colección de juegos?
Y seamos todos sinceros, pocos queremos unas librerías gigantes del Ikea para nuestra colección, son feas y acumulan una de polvo de manera salvaje. Es más cómodo el digital, 100%. Siempre y cuando tengamos una propiedad real, como permiten plataformas como GOG.
A esto hay que añadirle que muchos juegos hoy día valen fácilmente el doble que cuando salieron por los puñeteros coleccionistas. Mira tengo un único juego que quiero revender en el futuro. Un Gundam F91 de la SNES firmado por el mismísimo YAS. A los que no sepáis de lo que os hablo, no os culpo. Pero que yo entre en Wallapop, y vea un Pokémon Rojo sin pila por 60 euros es una salvajada. Y lo del Rule of Rose ya ni os digo, roza lo cómico.
Osea que aquí se juntan las ganas de comer con el hambre. Las consolas actualmente dejarán de tener lector de disco o formato físico de aquí a 2030. La gente no va a poder adquirir los juegos si las tiendas no están disponibles. Y si por lo que sea dices «tengo una Playstation, y quiero jugar a FFVII» vas a tener que desembolsar una cantidad de dinero ridícula.
También seamos sinceros. Es, por suerte o por desgracia, ley de oferta y demanda. Aunque la rom pueda ser gratis según donde la consigas, el objeto real tiene un número limitado de existencias, y según necesidad costarán más o menos. Por poco que me guste, el mercado se rige así.
Todo lo que os he estado explicando en la novela arriba es para subsanar este problema. Los juegos digitales pueden volver a descargarse una y otra vez, y si se pierden pues lo mismo. Rule of Rose puede costar 1000 euros, pero resulta que el archivo digital no. La cultura, y más la que ya no está disponible de compra de primera mano, debería ser accesible.
Es cierto que el almacenamiento digital cada vez está más caro, si. Pero un disco duro ocupa 0 en un ordenador y un poquito en tu escritorio, no ocho metros cuadrados de tu despacho y el coñazo que supone quitarle el polvo a eso. Los discos pueden romperse, los láseres fallar. Pero una tarjeta microSD es muy raro que le pase algo, además de ser muy barata de reemplazar. Incluso si llegáis a cosas como yo, donde cargo los juegos desde red por cable, os ahorráis más componentes.
En un mundo donde los juegos y el ocio es cada vez más caro, yo digo que si os da la del FFVII se lo pidáis a vuestro primo Paco y que os deje el juego gratis y juguéis lo que os apetezca. Las empresas ya no van a hacer caja con esos juegos, así que podéis apartar la lente moral por un instante cuando lo iniciéis. Al menos y sobre todo cuando hablamos de juegos antiguos. La piratería de juegos actuales ya es otro berenjenal donde no me voy a meter ahora.
Las nefastas consecuencias de los monopolios y el DRM.
¿Qué es lo que está pasando ahora? Con la cercana muerte del físico y el auge del almacenamiento en la nube, un jugador ya no puede prestar o comprar de segunda mano un juego. Es decir, tu ahora mismo puedes ir a un GAME y comprar un Red Dead Redemption 2 por 17.99€. Cuando salga el RDR3 en, yo que sé, 10 años, no podrás comprarlo más barato del precio de salida por un motivo muy sencillo: Dependes de una tienda digital y de que baje los precios si ella considera. Parte muy importante la de que es la empresa quien decide si el juego es más barato, y no el mercado o el tiempo.
Con la eliminación del físico, todas las compras irán casi al 100% tanto para la empresa, sea Sony o Microsoft cuando se una al barco, como que irán por su tienda oficial. Antes teníamos el lujo de poder comprar en un Corte Inglés, en un Media Markt, o hasta en una tienda cualquiera que tuviera juegos. El día de mañana, tienes que comprar si o sí por donde ellos dicen, montando efectivamente un monopolio.
No se si es necesario que os explique por qué un monopolio es malo, pero lo haré igualmente. Los precios acaban inflados y controlados (más de lo que lo están ya), si dan mal servicio te jodes y bailas, no hay otro servicio. Y aquí viene la perla del asunto.
Tu no compras un juego, alquilas una licencia.
Como ya ha pasado con las películas, si Sony o la compañía que sea decide que un producto ya no va a estar disponible, puede libremente cogértelo de tu librería, eliminarlo, y te has quedado sin el de por vida. Si te banean, puedes perder cientos de euros o miles en todos los juegos que has tenido porque así lo vea procedente la empresa. Antaño, si tu comprabas un juego, el disco era tuyo. Si, había un EULA que decía que no te podías lucrar con el, pero por el resto era 100% tuyo para alquilarlo, revenderlo, prestárselo a un amigo.
Aunque bueno, desde la generación de la PS3 casi que en verdad no puedes, pero por ahora la Unión Europea nos protege y nos permite. De nuevo, por ahora.
Sin embargo, jugar y ejecutar a un juego que tú no hayas comprado de primera mano es, ahora mismo, ilegal. Los EULAS son una cosa, y convertir los bienes en “licencias” permite que este tipo de loops legales y vacíos proliferen como el moho en ese tupper de macarrones que lleva 3 años en tu nevera.
Con estos movimientos que están pasando ahora, y con la implementación de DRM sobre todo en PC (yo te maldigo Denuvo), perdemos todos los derechos que teníamos de hacer todo lo que acabo de enumerar. Se acabó vaya, no más. Además de, por norma general, ofrecer un peor rendimiento debido a las capas de seguridad que llevan para no poder ser pirateados. Todo el mundo recuerda el rendimiento de Assassin’s Creed Origins cuando salió, la muñeca rusa de las máquinas virtuales. Si los DRM de Denuvo y compañía fueran más estrictos, casi que no podríamos ni jugar al juego que hemos comprado.
Todo esto también depende de cuánto tiempo quiera una empresa mantener el servicio a la consola. Avancemos 20 años en el futuro. Sony anuncia la muerte de la PS6. Si no tiene lector de discos, y cierran los servidores, ¿Cómo vas a acceder a tus juegos comprados? En efecto, no podrás. Enhorabuena, tienes una Smart TV de kilo y medio muerta de risa. Podrás a los que tengas en tu disco duro, pero si tienes que desinstalar uno para reinstalar otro, adiós muy buenas.
Un mundo donde dependamos de las empresas ya os digo yo que muy buena pinta no tiene, Cyberpunk looking ahh distopía.
La importancia del subterfugio.
En estos tiempos tan malos, no podemos ceder ante la tontería. La tontería no es otra que la siguiente. Si alguien desarrolla de su mano y puño un emulador de PS5, hay que ser DIS-CRE-TOS con ello. Los emuladores no son ilegales, pero a Sony le da igual y te calza una denuncia millonaria que a ver cómo peleas y que vamos, le puede arruinar la vida al desarrollador.
Hay gente que se dedica con su tiempo y esfuerzo a archivar los juegos de las consolas, a crear soluciones que permitan acceder a ellos, y las empresas van detrás suyas como perros rabiosos. Si yo puedo hacer contenido para este blog se lo debo a esta gente. Pero si siguen algunos en ello es por el subterfugio.
Hoy en día es muy común entrar a Youtube y comerte 27 vídeos que hablen sobre cómo descargarte juegos de Steam de según que manera, o hablando de portales de descarga de juegos de consola. Sorpresa sorpresa, en poco tiempo los cierran. Porque la gente no sabe cerrar la boca y necesitan lucrarse de ellos, como si esto necesitara de exposición. O ellos lucrarse de algo que no es suyo.
Y la verdad es simple: Lo que hacemos con esto es gris legalmente hablando, y las empresas a base de talonarios le joderán la vida a quien sea necesario con tal de asegurarse el máximo beneficio. Hay que hablar de estas cosas con la boca muy pequeña y susurrando, porque sino nos las arrebatarán.
Si ves a alguien que pregunta sobre tal cosa, le abres mensaje y se lo dices por ahí, haciéndolo jurar que nunca lo hará saber en público. Es gracias a esta gente que aun podemos jugar juegos de SNES o que podemos jugar a cosas como Silent Hill P.T , y debemos protegerlos cueste lo que cueste. Las leyes los perseguirán incansablemente y es nuestra responsabilidad cuidarlos para que ellos puedan seguir colaborando.
Detrás de todo esto, hay un afán de archivar, de cuidar y proteger la cultura de los videojuegos, y por otro lado de investigar, desarrollar e innovar. Debido a ese esfuerzo, nosotros no perdemos derechos como consumidores mientras sigan su labor. Los (con perdón de la palabra) anormales que se lucran haciendo videos, directos o foros abiertos en redes sociales anunciando dónde puedes ir a descargarte un emulador de Playstation 5 para jugar al GTA VI gratis están poniendo en un peligro real a toda esa gente que ha dedicado su tiempo en un proyecto sin ánimo de lucro de cara al futuro. Aquellos que traten de sacar beneficio no legitimo de esto deben ser separados de los proyectos para proteger a los verdaderos creadores.
Creadores que como os digo, ponen su vida en la línea con esto porque las empresas no tienen problemas en hundirle la vida a nadie. Tan solo hay que hacer una búsqueda en el navegador para leer la información sobre el chico autista al que Rockstar y el gobierno británico (entre otras partes) han internado en un psiquiatra de por vida. ¿Suena fuerte, verdad? Es porque lo es. Es absolutamente vomitivo y terrible.
También hay gente y gente. Los de YUZU fueron denunciados por Nintendo porque se lucraban de un emulador. Te contaré algo, buen lector: la emulación es gris legalmente mientras no te beneficies económicamente de ella. Bien es cierto que se les encontró, ¿por qué? Porque la gente no sabe cerrar el pico y había una cantidad infinita de vídeos hablando sobre cómo emular un juego recién salido en una consola prácticamente recién salida. Eso y que, según Nintendo, incitaban a la gente a hacer mal uso de las consolas.
Hay que hacer un pequeño apunte aquí y es que debidos al DMCA, emular los juegos de PS4, Xbox One y Switch en adelante es prácticamente ilegal al estar encriptados y necesitar una llave que se le da al usuario al comprar la consola. Es decir, necesitas burlar una medida de seguridad protegida por leyes debido a que las empresas han promovido estos cambios en las leyes de copyright y protección de propiedad intelectual.
Otro ligero inciso aquí. Conseguir las keys y las roms desde tu sistema NO es ilegal. A mi ni Nintendo ni su abuela en bragas puede venir a decirme que no me puedo hacer una copia de seguridad de un Zelda, lo mismo con esas licencias dentro de las consolas de las que hablábamos antes. Lo que ya si es ilegal es conseguir esas cosas de manera fraudulenta, que es cualquier manera que no haya pasado porque tú hayas comprado una licencia de primera mano.
Aquí ya entramos en debate de si se puede considerar legal o no que tú modifiques tu consola para adquirir esos datos, pero no quiero entrar mucho en el rollo porque, sinceramente, no sabría deciros. Si por las empresas fuera, sería penable con la muerte.
Porque cuando las empresas te vendan un servicio en nube bajo sus normas para jugar dos horas al día por 50 euros el mes, es esta gente la que te permite usar tus consolas en casa hasta que mueran, o seguir las partidas en emuladores de manera libre. Es esta gente la que nos asegura que ninguna consola pasará a ser un pisapapeles enorme o una decoración cara de salón, y que lucha porque lo que compremos sea de nuestra propiedad.
La legalidad ahora mismo es la que es, y son las empresas con su gran poder económico quienes hacen que todo esto que intentamos proteger se vuelva perseguible por ley cuándo y cómo les sea posible. Ahora mismo estos cambios de DMCA son el equivalente a haber pasado de forjar una llave y abrir una puerta con ella, a sacar una maza y directamente cargarte la puerta, y así lo tratan los jueces y abogados actualmente.
Hace años, las redes de espías en guerras nos aseguró libertad y victoria frente a los tiranos. Hoy en día no es mucho más diferente que eso. Así que la próxima vez que veas a un desgraciado, repórtale el vídeo, guárdate su información en un bloc de notas que no ocupa espacio digital, y compártelo con quienes prometan el mismo nivel de discreción. A veces también es tan sencillo como no solo quedarse en leer y repetir las instrucciones, sino en poner un poco de nuestra parte en aprender cómo lo hacen para que en caso de que vayan desapareciendo los creadores, podamos aportar en la creación y cuidado de nuevas herramientas.
Haciendo comuna, organizándonos, enseñando a quienes muestran querer aprender, y manteniendo muy bien el cerco que nos envuelve, conseguiremos que estas herramientas persistan en el tiempo, y no perder uno de los últimos cinturones de seguridad del ocio que nos quedan antes de caer al vacío ultracapitalista al que nos arrastra nuestro entorno.
Si alguien lee esto desde Alemania, mucho cuidado con los torrents por cierto. España es en general muy laxa salvo que intentes ver el fútbol gratis, pero una VPN de calidad y guardarse los torrents son una de entre tantas maneras de cubrirse la espalda y permitir que la maquinaria siga rodando tan fluida. Los archivos pueden perderse, y las páginas caerse. Pero los torrents son eternos. Al menos mientras una sola persona siga compartiéndolo.
El resumen general es que de cara al público general, calladitos estamos más guapos.
De hecho, si os habéis percatado, no hay ni un solo enlace en todo el escrito referente a los métodos de hackeo. Esto tiene dos motivos principales: Tanto enlace saliente me fastidia la puntuación de cara a Google por un lado. Por el otro, no pienso hablar públicamente ni compartir las herramientas porque luego pasa lo que pasa. En privado, mis mensajes están abiertos y compartiré todo lo que os haga falta, pero prefiero sacrificar el posible SEO que me de esto a cambio de sentirme mejor con lo que hago.
Este post es un recopilatorio, pero tendréis que buscar la información vosotros, ya sea por vuestra cuenta o preguntándome a mi o a quien sepáis que sepa de esto. En estos términos, el secretismo es absolutamente necesario para que no se filtre el conocimiento por donde no debe.
¿Qué pasa cuando la consola deja de consolear?
La muerte del físico es inevitable. Incluso yo, con mis conocimientos de electrónica, es posible que no sea capaz de mantener una de estas funcionando toda la vida. Puedo cambiar condensadores y chips, pero llegará un punto que se romperá algo que no se pueda sustituir.
Es aquí donde entran los emuladores en acción.
Gente ha estado trabajando, muchas veces durante años, en proyectos de ingeniería inversa donde tras estudiar las consolas soldadura a soldadura, han sido capaces de crear software capaz de reproducir los juegos de la misma manera (a veces mejor incluso que en la consola) que su contraparte física. Estos los conocemos como emuladores, y hoy en día están por todos lados.
De los emuladores antiguos no necesito contaros mucho, la información está ahí y desde NES hasta casi la 360 va todo normalmente como un tiro, es una gozada. Recientemente sacaron una versión del emulador de PS2 para Switch, tal y como os lo cuento.
Lo que si quiero advertir son los nuevos emuladores, las keys y el peligro que ello conlleva.
Las nuevas modificaciones de la ley de DMCA regulan eso que comentábamos antes, donde emular cosas de la octava generación en adelante es ilegal. Hace falta usar llaves de descifrado presentes en las consolas, que para que se tomen hace falta que estén ya hackeadas de base. ¿Es posible encontrárselas por ahí tiradas en el suelo? Si. ¿Hace eso que sea menos ilegal? No. Recordemos, subterfugio.
El peligro del que quería hablar era de los nuevos emuladores, precisamente el de PS5 o el de Switch 2. Debido a la fama no premeditada que ha adquirido por una panda de gente que mastica leche, el propio creador se ha desvinculado del proyecto, porque hay gente intentando programar con IA Slop y probablemente vaya a meternos a todos en problemas.
Todas estas cosas que hacen las personas sin cabeza ninguna atraen la atención no querida de las empresas que, de nuevo, reforzarán su apriete y modificarán las leyes para cercar el uso de nuestros aparatos (o emuladores de los mismos). Lo que hace falta para poder emular esas consolas es una brecha de seguridad en cada una, pudiendo abrir un abanico de cosas no solo ilegales sino ya directamente malas en el lado de la moralidad. Luego no os resulte curioso si entráis en un lobby de Call of Duty y hay gente que sabe vuestra IP, vuestra residencia y vuestra tarjeta de crédito, me refiero a esas cosas.
Hacedme caso y no os bajéis nada así hecho con IA. Lo más probable es que acabéis haciendo de picadora de bitcoins para un alelao en Oklahoma.
Referente a los otros emuladores, los que si que no hay problema: Sed libres y jugad lo que queráis. Todo lo que necesitáis está en Google de una u otra manera.
Outro.
Ojú, que pecha con el temita. Espero que os haya gustado la novela, y que os hayan quedado claro los pasos y qué necesitáis para volver a revivir vuestra consola de la infancia. No lo he dicho porque bueno, los convertidores HDMI están en todos lados. En mi caso uso un OSSC, pero si es para salir del paso un cacharro de 10 pavos de Amazon es más que suficiente para conectarlas a monitores o pantallas más modernas. Con eso y ya si queréis un mando inalámbrico, estaréis preparados para lo que la industria nos eche encima.
Quiero agradecer también a Trolso, que me ha guiado un poco con el tema de DRM y de emuladores porque como yo cojo los juegos de un árbol en el parque, pues no estoy muy metido en el tema.
Con este caluroso mes de julio, creo que me despido de vosotros durante el resto del mes. Me toca ponerme con el juego de la Gamecube y prepararla entera para el infierno del furrísmo supremo en el que nos vamos a meter todos juntitos de la mano.
Cuidaos mucho del sol y del calor, echaros crema que la piel no perdona, e hidrataros bien que no me apetece que ningún buen lector le de un jari por calor.
¡Chao!






